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22/04/2010
Planificación, sí, planificación


Decía Simón Bolívar que el mejor Estado es aquel que es capaz de generar mayores dosis de felicidad a sus ciudadanos. En la actualidad, asistimos impertérritos a la degeneración de las instituciones, a una crisis capitalista brutal que azota a los más débiles, a una cúpula eclesial que oculta delitos de pederastia desde Irlanda a España y al sálvese quien pueda, que la fin del mundo va a llegar.

 
Jueces que dictan sentencias injustas y parciales, magistrados como Rafael Fernández Valverde que defienden la RIC y encima se atreven a decir que ha servido para crear empleo… ¿No se ha enterado todavía este buen señor que  Canarias está a la cabeza del paro en todo el Estado y en la Unión Europea? Esta judicatura hace que el ciudadano cada vez se sienta menos identificado con la justicia burguesa, que no se detiene a comprobar la veracidad de los testimonios judiciales y que defiende los intereses de la oligarquía parásita que todo lo ha arrasado en nuestro país.
 
A todo esto añadamos otro ingrediente más a este caos: el miedo por parte de la izquierda a hablar de planificación de la economía, algo que incluso recoge la propia Constitución Española, la cual no puede ser tachada ni de socialista ni de bolivariana. ¿Acaso no planifican los grandes emporios económicos? ¿Acaso no planifican los padres y madres de familia cuáles deben ser los gastos en la educación, en la comida o en la ropa de sus hijos? ¿Por qué la izquierda no habla ya de este concepto? ¿Por qué sigue traumatizada por la caída del llamado Socialismo Real hace ya más de veinte años?
 
Este sistema nos lleva al desastre. Ni jueces, ni clérigos, ni políticos del sistema ni mucho menos los empresarios de la oligarquía nos sacarán del marasmo económico y –sobre todo- ético en el que nos encontramos. Sólo la noble voluntad del pueblo trabajador  será capaz de hacer vivible la poca vida que va quedando en el planeta, si definimos ésta como dignidad, entusiasmo, solidaridad y alegría.
 
Es la propia Iglesia Católica la que está dando muestras de valentía, una valentía que la izquierda laica no tiene. Los teólogos y las teólogas de la Asociación Juan XXIII han pedido la dimisión del papa Benedicto XVI por no adaptarse a los nuevos tiempos, por ocultar los casos de curas pederastas y por no acoger los principios del Concilio Vaticano II. Hans Küng, uno de sus máximos exponentes, actúa, junto con sus compañeros y compañeras, de forma revolucionaria. Sólo ellos, los revolucionarios, han cambiado el mundo, aunque sean cristianos y uno no comparta su fe. Pero el sectarismo es algo que debemos desechar de nuestras mentes y de nuestra acción los que buscamos como agua de mayo un hombre nuevo en un mundo nuevo, el hombre nuevo del que hablaba el Che, un Che que, actuando también revolucionariamente se atrevió a poner en tela de juicio la existencia misma del Muro de Berlín.
 
Planifiquemos el futuro, sí, pero hagámoslo de forma diferente a como lo hacen los dueños de la bala de los que habla Galeano. Con realismo, con valentía, con generosidad, con humanidad. Incluso, aunque no tengamos el poder.

Rubén Alemán - laspalmasgc@unidaddelpueblo.org
Secretario del Comité Local de Las Palmas de Gran Canaria de UNIDAD DEL PUEBLO y miembro del Consejo Nacional
laspalmasgc.unidaddelpueblo.org