"La sociedad capitalista se encuentra en un dilema,
o avanza hacia el socialismo o retrocede a la barbarie".
Más de un siglo después, sigue de plena
actualidad esta afirmación de Engels. La civilización
que ha construido la burguesía es cada vez más
inmoral y más irracional. Tanto por su injusticia,
como porque se trata de un modo de producción y
un patrón de consumo eminentemente depredadores
que socavan irreversiblemente los fundamentos ecológicos,
materiales y sociales de la vida humana. No caben pues
ya dudas acerca de la inviabilidad del capitalismo a largo
plazo.
La propia reproducción de la sociedad
humana y del medio ambiente es lo que ahora está
en juego, como consecuencia de la brutal destructividad
de las fuerzas del mercado. Simultáneamente, las
elites capitalistas internacionales gozan de un poderío
impresionante y, aparentemente, sin freno alguno. La estructura
de poder internacional está encabezada por unas 200
megacorporaciones, cuyo volumen combinado de ventas es superior
al producto bruto nacional de todos los países del
mundo, a excepción de los nueve mayores. Es decir,
esos modernos monstruos del mercado tienen un poderío
económico equivalente al de 182 países. Con
ingresos conjuntos de 7,1 trillones de dólares, concentran
en sus manos casi el doble del poder económico de
las cuatro quintas partes más pobres de la humanidad,
cuyos ingresos totales son de sólo 3,9 trillones
de dólares. A pesar de su enorme poder y de su fabulosa
capacidad para generar beneficios, estas doscientas corporaciones
transnacionales son implacables destructoras de empleo:
en su conjunto, emplean a menos de la tercera parte del
uno por ciento de la población del mundo.
Se trata de grandes oligopolios industriales,
comerciales, financieros y comunicacionales, de los que
el 96 % tiene su sede central en tan sólo ocho países.
Sus ganancias revierten a sus casas matrices, ubicadas en
un puñado de países desarrollados, de donde
son sus propietarios y sus directivos, y en los que reciben
cuantiosas subvenciones y exenciones fiscales. Se trata
de una clase dominante mundial constituida por gigantescos
monopolios que controlan crecientemente los más diversos
sectores de la producción, las finanzas, el comercio,
los medios de comunicación de masas y toda una amplísima
gama de servicios, y cuya lógica de acumulación
condena a cada vez más sectores de la población
del mundo a la miseria.
Junto a estas megacorporaciones, en la
cúspide de la estructura de poder mundial se encuentran
los gobiernos de los países más desarrollados
y, en especial, algunas agencias especializadas de los mismos,
como los ministerios de economía y hacienda, los
bancos centrales ("independientes" de todo control
democrático y popular, no así de los intereses
de la gran burguesía, a la que sirven sin el menor
recato) y otras instituciones económicas similares.
Estableciéndose una íntima conexión
entre los oligopolios transnacionales y los diversos gobiernos
nacionales.
El poderío de este núcleo
del capitalismo mundial se acrecienta con sus "perros
guardianes": el Fondo Monetario Internacional, el Banco
Mundial y la Organización Mundial del Comercio, que
son los custodios del predominio internacional del capital
financiero, y comisarios políticos de los intereses
imperialistas de los Estados Unidos.
El resultado de este orden de cosas es
que el 20 por ciento de la población mundial, se
apropia del 83 por ciento del PIB mundial, controla el 82
por ciento del comercio internacional, absorbe el 95 por
ciento del total de préstamos comerciales concedidos
en el planeta y genera el 95 por ciento de toda la investigación
y desarrollo del mundo. La otra cara de la moneda es que
mil doscientos millones de personas sobreviven con menos
de un dólar por día y carecen de acceso a
agua potable. Dos mil cuatrocientos millones carecen de
saneamiento y alcantarillado. Casi tres mil millones de
seres humanos sobreviven con menos de dos dólares
diarios. En cambio, los activos de los tres principales
multimillonarios son superiores al PIB combinado de los
países más subdesarrollados y sus seiscientos
millones de habitantes.
El eje fundamental del capitalismo contemporáneo
pasa por el predominio de la circulación financiera
internacional: su forma más parasitaria y especulativa.
Y en la que el crimen organizado es un actor de creciente
importancia. Alrededor del 95 por ciento del capital dinerario
que se moviliza por los circuitos financieros internacionales
es de carácter especulativo. Y más del 90
por ciento de las transacciones mundiales en divisas corresponde
a movimientos de compra y venta por períodos inferiores
a ocho días; casi la mitad de ellas en períodos
de dos días o menos.
Las políticas neoliberales han impuesto
la desregulación y la liberalización de los
flujos financieros. La globalización es el resultado
de un proyecto afanosamente promovido por las burguesías
de los países más desarrollados y ejecutado
por los gobiernos que la representan, y no un fenómeno
"natural", consecuencia de los avances científicos
y tecnológicos en el campo de la informática
y la comunicación.
Esa "desregulación" y
"libre circulación de capitales" no es
otra cosa que la imposición de una nueva modalidad
de regulación sólo que, en lugar de descansar
en una normativa impuesta por poderes públicos teóricamente
responsables ante la ciudadanía y controlables por
ella mediante el sufragio universal, ahora lo hace sobre
normas y estándares impuestos por el puñado
de oligopolios que controlan a los mercados y fijan a su
antojo las reglas del juego que mejor sirven a sus intereses.
Acentuando la pobreza y la desigualdad social y provocando
el desempleo masivo, el empobrecimiento y la exclusión
social, tanto a escala nacional como internacional.
En este escenario, poco pintan los pueblos,
incluido el nuestro. Peor aún: el nuevo Tratado Constitucional
Europeo, que nos afecta directamente, apunta en la misma
dirección. Y que, elaborado por las elites de poder
europeas, impone un modelo que subordina toda política
social a la ortodoxia económica neoliberal. E impide
cualquier restricción al libre movimiento de capitales,
que sería decisivo para el desarrollo autocentrado
de Canarias.
La importancia que da a garantizar la libre
circulación de bienes, personas, servicios y capitales
en todos los territorios bajo soberanía europea,
pone de manifiesto la necesidad de los poderes económicos
de encontrar una fuerza de trabajo homogénea en cualquier
lugar de Europa y de garantizar el dominio económico
sin restricciones en todos los territorios bajo su soberanía.
Peor aún: la llamada "Constitución Europea"
no sólo no reconoce el derecho a la independencia
nacional de las colonias bajo soberanía europea,
ni el derecho a la libre autodeterminación de los
pueblos, sino que constitucionaliza la "integridad
territorial" de cada Estado.
Evidentemente, no es este el camino que
saque a Canarias de la dependencia, el que nos haga llegar
a la historia.
Casi seiscientos años más
tarde, Canarias sigue sufriendo su condición de colonia
de producción y servicios dentro del área
de la economía europea. La economía canaria
está a satisfacer las estrategias y los intereses
de las potencias europeas y de España. Como consecuencia
de ello, se produce una hipertrofia de la agricultura de
exportación y, sobre todo, del turismo, que adquiere
rasgos de "monocultivo" totalmente desproporcionado.
Con el agravante de que los flujos de visitantes y los precios
de los paquetes turísticos están férreamente
controlados por tour-operadores extranjeros. Ambas características
condicionan el funcionamiento del resto de la economía
canaria.
La mayor parte de los beneficios económicos
generados en Canarias, fruto de la explotación de
las trabajadoras y los trabajadores canarios, se han ido
a las arcas de las grandes corporaciones extranjeras, incluidas
las españolas. Ello ha sido posible por su dominio
sobre los circuitos comerciales exteriores, así como
por la destrucción de la producción dedicada
al mercado interior, mediante la importación generalizada
de productos.
Hasta mediados del siglo XIX existían
grandes producciones agrícolas y artesanales destinadas
a las Islas, pero la implantación del régimen
de Puertos Francos supuso la desaparición de la producción
de autoabastecimiento. Y da a la burguesía canaria,
que vive de los márgenes comerciales de las importaciones
y exportaciones (y de las migajas del turismo), su carácter
intermediario.
A partir de ese momento, se hace más
vulnerable nuestra economía. Añadamos a ello
la liquidación del sector pesquero en aras de los
beneficios de empresas españolas en sus relaciones
con Marruecos, así como la desaparición de
las incipientes industrias agroalimentarias.
Para agravar más esta situación,
sufrimos el llamado Régimen Específico de
Abastecimientos (REA), un sistema de subvenciones a las
importaciones de productos de primera necesidad que, con
la disculpa de abaratar los productos alimentarios en Canarias,
supone una agresión sistemática contra las
producciones canarias, incapaces de competir con productos
subvencionados ya en origen y en su llegada a Canarias.
Lo disparatado del asunto es que el REA no sólo no
sirve para abaratar precios, sino que su única función
es engordar aún más las cuentas de los empresarios
importadores, especialmente de aquellos que consiguen acaparar
los cupos.
A esto hay que añadir el Arbitrio
Insular a la Entrada de Mercancías (AIEM), que sustituye
al APIC. En un principio se trata de un impuesto que había
de servir para proteger a los productos que ya se fabrican
en Canarias, gravando la importación. En la práctica
se carga también sobre productos que no se fabrican
en las Islas, con lo que contribuye a que la cesta de la
compra de Canarias como la más cara de todo el Estado.
En Canarias el sector agroalimentario es
del 3,82 por ciento, la industria supone el 8,71 por ciento
y la construcción el 10,85 por ciento; mientras que
el sector de los servicios concentra el 76,62 por ciento.
De 1997 a 2002 las importaciones de Canarias crecieron en
un 19,2%, mientras que las exportaciones sólo lo
hicieron en un 0,2%. De esta forma la tasa de cobertura
exportaciones/importaciones se sitúa en el 22,6%,
muy por debajo de la de cualquier otra comunidad autónoma
y a 50 puntos de la media del Estado. Hay que destacar,
además, el desproporcionado peso de los bienes de
consumo en las importaciones (37,1%) y la significativa
debilidad de las exportaciones de bienes de capital (1,9%).
Estamos, por lo tanto, ante una situación
colonial en toda regla, con una economía totalmente
subordinada y frágil. La integración plena
en la Unión Europea, desatendiendo otras opciones
menos lesivas para Canarias, ha reforzado además
nuestro papel como plataforma estratégica en la zona
y nuestra dependencia económica internacional, dejándonos
desarmados para acometer los cambios estructurales imprescindibles
en el modelo económico canario.
En este proceso no sólo ganan las
multinacionales españolas y extranjeras, sino la
propia burguesía colonial canaria, comisionista y
alicorta, que vive de los márgenes subordinación
económica, de la sobreexplotación de los trabajadores
canarios, de la especulación, del tráfico
de influencias y del reparto de las subvenciones.
Como consecuencia, nos encontramos con
una economía orientada hacia los sectores más
especulativos, especialmente en agua, suelo, vivienda, recursos
financieros, productos de importación y de primera
necesidad. La banca española y extranjera trasvasa
de forma incontrolada ingentes recursos financieros, fruto
de la sobreexplotación de las trabajadoras y los
trabajadores canarios, hacia zonas y países muy alejados
de Canarias. La oligarquía dominante en el Estado
español se apropia de los excedentes generados en
Canarias por medio de la protección de los productos
españoles en el mercado canario y de la penetración
de las empresas monopolistas españolas (constructoras,
grandes almacenes, industrias alimentarias, Telefónica,
etc.).
El mayor mecanismo de especulación
financiera en los últimos años es la llamada
Reserva de Inversiones de Canarias (RIC), una desgravación
del 90% del impuesto de sociedades, supuestamente dedicada
a reinvertir en las Islas y a garantizar la generación
de puestos de trabajo estables. En la práctica no
sólo no cumple esos objetivos, sino que se ha convertido
en la fórmula de una gigantesca evasión de
impuestos. Con el agravante de que se tiene el descaro de
pretender legalizar la utilización de esos excedentes
para inversión en terceros países, contradiciendo
frontalmente lo que se suponía que justificaba esta
exención de impuestos.
La otra cara de este modelo económico
es el de los salarios más bajos, la jornada laboral
más alta y el menor ahorro familiar del Estado (el
70% de las familias tienen dificultades para llegar a final
de mes), así como la mayor tasa de paro (12,92% de
paro oficialmente registrado) y los más elevados
índices de pobreza (casi el 20% de la población).
Además, hay más de 50.000 canarias y canarios
analfabetos. El 18,6% de los canarios son peones no cualificados,
y el 66% no tiene estudios de bachiller ni superiores.
Para agravar aún más la situación,
sufrimos una inmigración masiva, fundamentalmente
del Estado español y otros europeos, que elevan la
cifra de residentes en Canarias a 1.894.868 personas, de
las que aproximadamente el 10% son europeas (de ellas, el
8% españolas) y el 5% de otros países extranjeros
(0,6% africanos). En algunas islas, como Fuerteventura y
Lanzarote, las canarias y los canarios somos ya minoría.
A esta carga poblacional hay que añadir
los más de 12 millones de turistas anuales que, en
estancias medias de 10 días, supone un añadido
de 330.000 habitantes diarios (más de 2.200.000 residentes
efectivos). Hay que señalar, además, el creciente
fenómeno de canarización de la pobreza, quedando
los puestos directivos y mejor remunerados en manos europeas,
y los salarios más bajos y el paro como lacra para
los canarios. Urge, por lo tanto, el establecimiento de
un Estatuto de Residencia en Canarias, lo que lleva aparejado
la reforma de la constitución española.
El enorme crecimiento demográfico,
además, junto a la irracional expansión urbana,
el deficiente sistema educativo, la sobreexplotación
de la mano de obra joven y la carencia de puestos de trabajo,
suponen una grave lacra para las jóvenes y los jóvenes
canarios, a pesar de que esta es, posiblemente, con diferencia,
la generación más preparada de la historia
de Canarias. Todo esto destruye sus expectativas de desarrollo
personal y les condena a la marginalidad. Debemos pues prestar
una especial atención a la juventud canaria, que
es lo mismo que decir a nuestro futuro como pueblo.
Lo cierto es que el régimen de autonomía
dentro del actual marco jurídico-constitucional del
Estado español está absolutamente incapacitado
para resolver los problemas estructurales de las Islas,
ni para impedir que las decisiones cruciales sobre nuestra
vida se tomen fuera de nuestro país: economía,
régimen de propiedad, sectores estratégicos,
aguas territoriales, recursos naturales, inmigración,
sistema educativo, leyes laborales, espacio comunicacional
propio, etc. En cambio sí que sirve como herramienta
ideal para la defensa de los intereses de la burguesía
intermediaria colonial, que saquea los recursos de la Comunidad
Autónoma.
Un sector importante de esa burguesía
colonizadora, eslabón clave del colonialismo en Canarias
y uno de los enemigos principales del pueblo canario, se
organiza hoy en Coalición Canaria como regionalismo
españolista, que oportunamente tratan de vestir como
"nacionalismo". Incluso han tenido el descaro
de presentarse como "de izquierdas" en determinados
sectores. Sin embargo, es cada vez más evidente su
verdadero carácter, tras trece años de ejercicio
del poder en las Islas y de su pacto de hierro con el PP.
Otro sector de la burguesía, representado
políticamente e ideológicamente por el Partido
Popular, continúa fiel a la versión conservadora,
reaccionaria y hasta fascista de la dominación colonial.
En medio, un PSOE cuya única aspiración es
sustituir a CC y PP como representante de esa burguesía
y, en todo caso "pisar moqueta". Tanto unos como
otros conciben a Canarias sólo como un gran solar
a explotar, edificar, vender y sacar tajada. La corrupción,
por lo tanto, no es una excepción de personajes que
se desvían de la norma, sino que es inherente al
sistema capitalista en nuestro país.
Sean conscientes o no de ello, en Canarias,
son los trabajadores la única clase con intereses
verdaderamente nacionales, objetivamente interesada en la
defensa consecuente de los derechos nacionales de Canarias.
Sólo la clase trabajadora, organizada de forma consciente,
está en condiciones de, en el camino de su liberación
social, romper las cadenas de la dominación y asumir
el liderazgo cohesionador de la liberación nacional
de Canarias. Y por eso en nuestro país, las tareas
de liberación nacional y de construcción de
una democracia nacional avanzada, en la vía del socialismo,
están indisolublemente unidas.
El futuro de Canarias, por lo tanto, depende
del grado de organización y conciencia de las trabajadoras
y trabajadores canarios, de que tengan una organización
política fuerte y cohesionada, y de que militen en
sindicatos nacionales de clase. Un futuro que requiere la
toma del poder por el pueblo canario, con la construcción
de un bloque histórico que una a las clases populares
en la lucha contra la dominación colonial e imperialista.
En esa lucha de izquierda nacional canaria,
planteamos una democracia nacional avanzada con los siguientes
objetivos:
La Autodeterminación de Canarias,
entendida como el derecho fundamental a la soberanía
nacional, a la descolonización y a constituirnos
como Estado independiente.
El establecimiento de un Estatuto de Residencia
en Canarias, que limite la carga poblacional de las Islas.
Con la reforma constitucional que fije la excepción
de Canarias a la libre circulación y residencia de
los ciudadanos españoles y las pertinentes modificaciones
en los tratados y leyes europeas. A la vez, la promoción
de políticas de acogida y plena integración
de las inmigrantes y los inmigrantes pobres, sacándolos
de la exclusión y castigando severamente los abusos
y la sobreexplotación de quienes se aprovechan de
su situación.
La definición de la ciudadanía
canaria como la de los nacidos de padres canarios, los nacidos
en Canarias o los que, habiendo nacido fuera de las Islas,
residan legalmente en la Nación Canaria; sin distinción
de lugar de nacimiento, origen familiar, grupo étnico
o religioso y que, por lo tanto, acepten los valores básicos
consensuados por el pueblo canario expresados en su ordenamiento
constitucional.
La plena igualdad de todas las ciudadanas
y ciudadanos de Canarias. Para ello se promoverán
políticas de promoción de las mujeres en todos
los ámbitos. Asimismo, se promoverán medidas
legales y sociales para acabar con la discriminación
contra las personas por su orientación sexual, promoviendo
la plena igualdad de las familias de cualquier característica.
La planificación democrática
de la economía canaria por parte de los propios canarios,
con un desarrollo autocentrado, diversificado e interdependiente.
Con el fin de evitar la pérdida de control del tejido
económico propio, en el marco del creciente proceso
de globalización, la regulación de los movimientos
de capitales, incorporando inversiones extranjeras bajo
la dirección pública, y exigiendo contraprestaciones
(transferencias tecnológicas, industrias subcontratadas,
medidas medioambientales...). Supresión de la Reserva
de Inversiones de Canarias (RIC).
La prioridad de las formas de propiedad
colectivas, potenciando el movimiento cooperativo y las
sociedades anónimas laborales. Igualmente, apoyando
a las pequeñas y medianas empresas en función
de su rentabilidad potencial, capacidad de innovación
y creación de puestos de trabajo.
El desarrollo de un poderoso sector de
propiedad pública canaria que se convierta en el
factor determinante de nuestra economía. Y el establecimiento
de acuerdos estratégicos con sectores de la burguesía
canaria que se incorporen a un programa común, y
estén interesados en la economía productiva
y no especulativa.
La organización democrática
del trabajo, con la participación de los trabajadores
en la cogestión de las empresas y en su accionariado.
Con el desarrollo de los derechos laborales y llevando la
democracia a la empresa.
La mejora y potenciación del Estado
del Bienestar en Canarias, como mecanismo de justicia social
y de redistribución de la riqueza. Con una especial
atención a los sectores populares y a aquellas personas
que caen en la exclusión social.
La declaración de aguas territoriales
sobre las doscientas millas en torno al perímetro
archipielágico, y el trazo de la mediana con los
países continentales vecinos. Con la opción
de ampliar a 300 millas la zona económica exclusiva.
La socialización del agua y de sus
redes de distribución, pasando a propiedad pública
canaria todos los recursos hídricos de Canarias y
sus canalizaciones.
La potenciación de la agricultura
y la ganadería, especialmente la dirigida al consumo
interior, en el camino de eliminar la dependencia agroalimentaria.
Y como factor de reequilibrio territorial y de preservación
del medio. Para ello se pondrá en marcha un Plan
Estratégico de inversiones públicas e incentivos
a la agricultura, a la ganadería y al mercado agrícola
interno, con subvenciones directas a las empresas familiares
agrarias y al cooperativismo agrario.
Para evitar la concentración de la propiedad agraria
en manos ajenas al campo, Ayudas fiscales y créditos
blandos que faciliten el acceso de aparceros y jornaleros
agrícolas a la propiedad de las tierras que trabajen.
Igualmente, la aplicación de una fiscalidad diferenciada
adaptada al sector agrícola canario, que permita
el incremento de las rentas agrarias.
Para evitar los abusos actuales y la penalización
a las producciones canarias, la supresión del Régimen
Específico de Abastecimientos (REA) y su sustitución
por una empresa pública canaria de importaciones
estratégicas y distribución de productos agrícolas
y de primera necesidad, así como la limitación
a la implantación de grandes superficies.
El desarrollo económico sostenible
ecológicamente. Con un uso más eficiente y
racional de los recursos, substituyendo progresivamente
los sectores contaminantes, depredadores del territorio
y de los recursos naturales, por otros que respeten las
disponibilidades reales del medio ambiente canario y se
base en el uso de energías renovables. Las aguas,
el suelo y el aire de Canarias no podrán estar en
manos privadas. Los administramos para las generaciones
futuras.
La puesta en pie de un potente sistema
de Enseñanza Pública Canaria, laica, democrática
y moderna. Y con los recursos suficientes, como corresponde
a un sector estratégico fundamental. Estableciendo
la laicidad plena en las escuelas públicas canarias,
resituando las enseñanzas religiosas en el ámbito
de la privacidad y garantizando una educación no
sexista ni racista a todos los niveles.
Igualmente, la estabilidad del profesorado interino y sustituto
de larga duración, cancelando las oposiciones abiertas
a profesores ajenos a nuestra realidad educativa, social
y cultural. Con incentivos económicos para que se
cubran de forma voluntaria las plazas vacantes en las islas
periféricas, aboliendo los traslados forzosos.
La potenciación y el desarrollo
de la cultura canaria, como elemento de identidad volcado
al futuro. La revisión de textos, contenidos y prácticas
pedagógicas para el pleno uso del habla canaria como
forma nacional del idioma español. El fomento de
la historia de Canarias, de la literatura y del arte canario
desde primaria hasta los últimos ciclos universitarios,
así como del conocimiento geográfico, cultural
y medioambiental de Canarias. Y la implantación de
la Lucha Canaria y otros deportes tradicionales como asignatura
escolar.
La defensa de la Paz, no sólo como
la ausencia de guerra, sino como la ausencia de injusticia
social, nacional e internacional. Con la progresiva desaparición
de los ejércitos convencionales en beneficio de un
modelo meramente defensivo que prime las relaciones internacionales
basadas en el diálogo, el entendimiento, la transparencia
y la solidaridad entre las naciones. Utilizando la negociación
política como medio para prevenir, regular y resolver
los conflictos.
Por la liberación social
y nacional de Canarias
¡Viva Canarias Libre y Socialista! |