La burocracia sindical de CC.OO./UGT siguen sin entender las enseñanzas de la pasada huelga de funcionarios del 8-J que muestran que un proceso de convocatoria precipitado, después de dos años de perder el tiempo, frenar las movilizaciones y las luchas de los trabajadores, dedicarse a un sindicalismo de gabinete de prensa, concertación, negociación de las condiciones de rendición ante la gran patronal y el gobierno, mesa, mantel y servilleta al cuello, son el camino más seguro hacia el fracaso
Las movilizaciones sectoriales nacionales y generales se preparan con tiempo, en un proceso de calentamiento del ambiente laboral creciente, con concentraciones de delegados sindicales, asambleas explicativas, movilizaciones en cadena, didáctica hacia la sociedad que cree complicidades con todo el tejido asociativo civil progresista y de izquierda (movimiento ciudadano, asociaciones estudiantiles y juveniles, de mujeres y asociacionismo diverso, con partidos de la izquierda,...)
Una labor ideológica, de concienciación y agitación, en suma, que enriquezca el capital político de los trabajadores y su voluntad de lucha.
En ese proceso cuanto más peso tiene un sindicato, mayor humildad y comportamiento unitario debe tener porque las luchas en defensa de los trabajadores no son patrimonio de ninguna organización sindical concreta, ni su capitalización por siglas determinadas debe ser el objetivo principal sino el éxito de la huelga, en cuanto a capacidad movilizadora y de quebrar las políticas antisociales de los gobiernos y de las fuerzas económicas que buscan el retroceso de los derechos de los asalariados.
De los requisitos anteriormente mencionados ninguno de ellos fue respetado por CCOO y UGT el pasado 8-J. Todo lo contrario. Durante estos años de maceración de las políticas antisociales aprobadas por el Gobierno Zapatero, ambos sindicatos se han dedicado a ser la correa de transmisión de su “partido hermano” bajo el falaz argumento, primero, de que dicho partido “no les había defraudado” en su defensa de los trabajadores y de que peor que la política que pudiera aplicar el PSOE sería la del PP, más tarde.
Ahora que el Gobierno del PSOE hace el trabajo sucio al PP y pone en práctica buena parte de las medidas exigidas por la CEOE, el Banco de España y los grupos de presión financieros y empresariales españoles, voceros de las recetas del BCE y del FMI, los sindicatos se ven, por fin obligados a realizar una huelga general que no quieren..
Por encima de las razones esgrimidas en relación a las medidas de ajuste del Gobierno español, auténticos atentados salvajes contra los derechos de los trabajadores, subyacen otras menos confesables por parte del sindicalismo oficial: recortes a los derechos de negociación sindical en relación con la organización del tiempo de trabajo y otras condiciones laborales mediante la interposición de una comisión externa con derecho a dictar un laudo de obligado cumplimiento y que no podrá ser recurrido, cuando en el plazo de 15 días el Comité de Empresa y la dirección no hayan llegado a un acuerdo. Éste punto de la propuesta gubernamental es una de las concesiones del Gobierno a la patronal CEOE que, a través de su vicepresidente, Santiago Herrero, pedía hace ya dos años, acabar con los convenios colectivos para sustituirlos por otros acuerdos de tipo individual trabajador-empresa.
Tras este punto de la Reforma Laboral se pone en marcha un intento de echar a los sindicatos de la empresa, de romper su capacidad de representación de los intereses colectivos de los trabajadores y de debilitar al movimiento sindical en su conjunto.
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La amenaza antisindical del Gobierno y las fuerzas reaccionarias no va destinada contra CCOO y UGT sino contra el sindicalismo como herramienta de los defensa de los trabajadores. Si se aplica desde “el gobierno amigo” este golpe contra sus domesticados sindicatos qué no se aplicaría contra un sindicalismo de lucha, reivindicativo y anticapitalista. ¿La ley de fugas dentro de unos años?
A los trabajadores se les está acabando el terreno hacia el que retroceder. La feroz destrucción de empleo que estamos soportando es precisamente debido a la precariedad de nuestro mercado laboral, lo mismo que el endeudamiento creciente de las familias nace de una vida a crédito por la paulatina pérdida, ahora salvaje, del nivel salarial de los trabajadores y a los que los sistemas de préstamos se les han cerrado desde hace tiempo, no ya para un consumo superfluo, sino para otro de necesidades primarias y vitales.
Es necesario elevar la conciencia de nuestra clase y de que no hay salidas capitalistas a la crisis. La posibilidad de la pobreza empieza a ser cruda realidad entre crecientes capas sociales: viudas, mujeres pensionistas, jóvenes sin salidas profesionales, divorciados, parados que han agotado sus prestaciones de desempleo.
Hay que hacer saber a los trabajadores y a sus familias que hay más de noventa mil familias canarias en las que ninguno de sus miembros tiene empleo, que la crisis se agudizará, y que el próximo semestre va a ser especialmente duro en lo económico, ante la evidencia del descenso del consumo y el próximo incremento del paro, que se está gestando una nueva burbuja financiera y que no es cierto que no haya mal que cien años dure si uno se conforma con esconder la cabeza en la arena y esperar que pase el temporal.
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. La convocatoria, en Septiembre, por parte de la Confederación Europea de Sindicatos (CES), como la Huelga General de CCOO y UGT, tiene sordina prevista, freno y marcha atrás, porque en su llamamiento no hay voluntad política transformadora pero la agudización previsible de la crisis apunta a la necesidad y a la oportunidad de elevar su potencial de conflicto, a pesar de la falta de voluntad de las cúpulas sindicales y del adocenado seguidismo de buena parte de su afiliación. Esta Huelga General no es un todo o nada, más bien tiene todas las papeletas para ser un sonado fracaso.
La única opción válida es la de una movilización militante que contribuya a derribar un sistema que acaba con las perspectivas de vida y futuro de varias generaciones de jóvenes desempleados, empleados y parados de edades medias y jubilados con pensiones de supervivencia.
El camino es muy largo y duro y desde la izquierda sindical y política de Canarias debe hacerse un trabajo serio, riguroso y honesto de acumulación de fuerzas, si de verdad se quiere virar las tornas para que el agua discurra por el cauce deseado.